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(Re)turn

        Cuando se acerca el final de cada año, suelo pararme a pensar, reflexionar lo que ha significado para mí. Pienso en si es uno de esos años que recordaré por siempre, en si me ha marcado significativamente, para bien o para mal. Todos los años están plagados de anécdotas, unas divertidas y otras no tanto, pero si recuerdas un año en concreto es por un hecho o pequeño conjunto de hechos determinados, de los cuales has aprendido irremediablemente. Sabes que te ha marcado, y lo recordarás siempre.

        Si hago memoria, los años que recuerdo en concreto los cuento con la mitad de los dedos de una mano. Y es que durante largo tiempo he debido limitarme a ser una víctima más de la rutina. Muchas veces me sentí como si viviera una vida al margen de la vida, con miedo a sentir, con miedo a vivirla de verdad y con miedo a conocerme del todo descubriendo facetas desconocidas de mí mismo. Eso es como estar muerto, como haber perdido antes de tiempo.

        Mucho tiempo ha que escribí el post anterior, paradójico con respecto a éste, y ahora que está a punto de finalizar el año y tengo una visión completa de él retomo esta pequeña cápsula del tiempo, dejando constancia de que ha sido un año inolvidable en todos los sentidos.

Y lo recordaré principalmente por dos razones; y principalmente por una.

        A veces tarda demasiado, pero tarde o temprano el tiempo lo pone todo en su sitio. Lo que me lleva a pensar que hasta ahora el jodido tictac no había encontrado un hueco lo suficientemente grande como para volver a hacerme sentir aquella satisfacción propia de tiempos colegiales y producto de un sin fín de aprobados.

        Y después, cuando menos lo esperas y en el momento justo, aparece una persona en tu vida. Lo que te lleva a pensar que los dioses han dejado por un momento de jugar a los dados y han hecho trampa. Y es una persona de esas que en realidad es completamente opuesta a ti, y completamente complementaria. Te desconcierta, y al observarla hace que te plantees casi todo de nuevo. Es como volver a ser un maldito bebé, pero esta vez aprendes en muy poco tiempo muchas de las cosas que de verdad te van a ser de utilidad en la vida, con permiso del cálculo diferencial. Aprendes a olvidar ese miedo, aprendes que hay cosas que no tienen explicación ni razonamiento lógico, pero también aprendes que ya eso no importa. Porque aunque no lo entiendes, sientes con todas tus fuerzas que vale la pena, y que es la sensación más auténtica que has experimentado nunca, con permiso del cálculo diferencial.

Así que desde aquí saludo a mi yo del futuro, deseándole otro feliz año nuevo :_D

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