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De mudanza

        Después de hartarme de las limitaciones impuestas por el hosting gratuito en el que tenía alojado el blog, decidí dar el siguiente paso. Así, después de informarme e investigar sobre hostings encontré una oferta bastante interesante e irresistible a nivel calidad/precio. Y aquí estoy, totalmente renovado.

    He pasado de una perspectiva de usuario bastante sencilla a una perspectiva de administrador. Ni que decir tiene que todo se ha complicado, hay un sinfín de posibilidades en el nuevo hosting y he tenido que instalar todos los módulos que me interesaban por mi cuenta, muchas veces más de una vez hasta hacerlos funcionar. Ya he visto lo que había al otro lado, y es muy interesante seguir aprendiendo.

    Salvo algunos pequeños detalles puedo concluir que en lo relativo al blog, la mudanza está terminada. Ha sido bastante tediosa, puesto que el hosting anterior no me dejaba hacer copias de seguridad del contenido. Tuve que mudar cada post y cada comentario uno a uno. Pero bueno, ahora puedo afirmar aliviado que no volveré a tener problemas de ese tipo xD.

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Una de piratas. Capítulo Tercero.

        Cuando Johnan volvió en sí, se encontraba sentado con la espalda apoyada en la fría roca de la pared de una estancia que era lúgubre casi en su totalidad.

-Maldita sea… últimamente no deja de ocurrirme ésto – se quejó Johnan al tiempo que alzaba cuidadosamente su dolorida cabeza con una mano posada en la frente.- A saber dónde estoy ahora…

-Se encuentra en una de las mazmorras de la tribu que habita esta isla, joven flacucho.- Dijo una voz desde las sombras de una de las esquinas del otro lado de la celda.

        La figura se movió lentamente hacia el centro de la estancia, iluminada por un haz de luz tenue que la luna llena hacía colar por un pequeño y tosco respiradero practicado en la pared. Se trataba de un hombre de unos cincuenta años, de baja estatura e impecablemente vestido con traje de chaqueta, sombrero de copa y bastón. Hacía uso de un monóculo y su cara estaba enmarcada por unos graciosos y canosos bigote y perilla.

-Joder, qué susto me has dado. No te había visto, ¿quién eres? –preguntó Johnan intrigado.

-Mi nombre es Tur D’Eiral, ¿y el vuestro?

-Yo me llamo Johnan, y lo cierto es que me alegro de encontrar a alguien con buen aspecto por aquí.

-No puedo decir lo mismo de vos, pero igualmente encantado.

-¿Cómo acabaste aquí?

-Pues supongo que como vos y ese extraño hombre peludo que intuyo ya habéis conocido. Al parecer suelen haber fuertes tormentas y oleaje alrededor de la isla, y muchos navegantes acaban aquí.

-¿Y por qué sólo estamos tú y yo? ¿Acaso el resto ha conseguido escapar o es que hay más celdas por aquí?

-Es harto complicado, joven. Aunque pensándolo bien en realidad es bastante simple si intentas resumirlo todo en dos palabras: Están muertos.- dijo impasible al tiempo que observaba una mueca de indescriptible inexpresividad en la cara de Johnan.

-Seguramente me arrepienta de haber hecho esta pregunta pero… ¿qué les pasó?

-Veréis joven, como supongo ya conoceréis, ese tal Hekh es líder de la aldea al haber sido confundido con un dios. Y si hablasteis con él, probablemente ya sabréis que su pueblo hacía sacrificios para que el dichoso volcán no entrara de nuevo en erupción. Cuando llegó ese impostor, se acomodó raudo al nuevo estilo de vida que le ofrecían, y hará cualquier cosa1 para no levantar sospechas sobre su supuesta divinidad. Así, la aldea inicia una ceremonia de sacrificio pasado un intervalo de tiempo regido por alguna especie de configuración astral, alguna especie de calendario o vayáis a saber qué tipo de patraña semejante. Las víctimas no son otras que los propios prisioneros de la isla, ya sean de su propia tribu o individuos que como vos y yo hemos acabado aquí. –explicó Tur D’Eiral impasible.

-¿Y cómo demonios es que estás tan tranquilo? –preguntó Johnan manteniendo aún  una configuración de ángulos en su rostro imposible de describir.

-Por el simple hecho de que no fui ni mucho menos el primero en llegar a esta celda y sin embargo sí que era el último hasta que vos llegasteis.- dijo el burgués al tiempo que observaba una expresión en Johnan semejante a la que pondría alguien que aún está intentando descifrar lo que acaba de escuchar.

-Uhmm….  ¿cómo es que consigues evadir los sacrificios?

-Muy fácil. Antes del sacrificio los prisioneros somos llevados ante el tal Hekh. Es entonces cuando él decide quién será el afortunado de saltar a la caldera del volcán ataviado únicamente con un collar de frutas. Pero claro, Hekh tampoco es tonto, y siempre elige en base a un criterio.

-Creo que me he perdido…

-No os preocupéis joven, mañana os contaré el resto de la historia. Ya noto el adormecimiento producido por la digestión de la copiosa cena de antes.

-¿Cena? ¿qué cena? –sollozó Johnan desconsolado al tiempo que se llevaba las manos a su barriga.

-Vos estabais aún inconsciente. Pero oh sí, una cena magnífica la de hoy, todo hay que decirlo.

-….

-En cualquier caso deberíais ir a descansar vos también, no tenéis buen aspecto. – inquirió el burgués al tiempo que volvía al otro lado de la oscura estancia.

-Qué remedio, ¿qué otra cosa podría hacer en este antro?

-Buenas noches y hasta mañana.

-El sonido de mis tripas te desvele.

-¿Decías algo?

-Ehmm… sí. Buenas noches–masculló Johnan, resignado.

 

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1 Estaba tan metido en su papel de dios que para él hacer cualquier cosa era prácticamente lo mismo que hacer ninguna. Pensaba que de esta forma se evitaba quebraderos de cabeza innecesarios, modificando lo mínimo el pensamiento y estilo de vida llevados en la isla hasta su llegada. Después de todo,  si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?

 

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