Parte de la semana pasada (y parte de la anterior) estuve a salvo en la Feel Good Inc. Raptado por una princesa que, con su compañía, convirtió mi estancia en uno de esos breaks agradables que a veces la vida intercala entre tempestad y tempestad. Y es ahí precisamente, entre tempestades, cuando se saborea al máximo cada segundo de esa calma dulce y momentánea.
Una breve e intensa escapada enmarcada por risas, lujuria, fotos de otro tiempo, batmans, ladridos matutinos y silencio nocturno, macflurry, momentos curiosos pero también absurdos, conversaciones de todo tipo y gente desnuda alrededor. Todo ello no necesariamente en ese orden, y entre otras cosas. Así que por unos días creí estar viviendo un segundo verano del año pasado. Mi estómago es testigo de ello : D.
Ahora el panorama es radicalmente distinto. Salgo de casa al alba y regreso al ocaso, en una sucesión de obligaciones que se pueden resumir en hacer una práctica de autoescuela y estudiar el resto del día hasta decir basta.
El único break ahora es a la hora de la comida, en una de esas conversaciones agradables con Matu mientras degustamos el menú del día. Así que, inmerso en tan distinta realidad, en esta sucesión de días clónicos y cansancio, no puedo dejar de tener presente todos esos nuevos recuerdos y echar de menos esos momentos que ahora me parece que fueron un sueño.


















