Me levanté de la cama y, como cualquier día que no comienza casi a la hora de comer, desayuné. Acto seguido, y después de un forzado visto bueno del espejo, salí a la calle. Decidido y cargado de amuletos crucé con paso firme el parque Juan Pablo II, mientras el ritmo de música que me evoca buenos recuerdos encharcaba mi cerebro. Al llegar a la altura del colega, incluso pensé para mis adentros: “eh tío, échame un cable”. Toda ayuda era poca xD.
Una vez llegado al lugar el exámen, y después de una práctica mediocre previa y de escuchar a la gente de alrededor hablando del número de veces que se habían presentado, mi confianza ya era inexistente de nuevo. Y de hecho, al comprobar que mi compañero de exámen y la examinadora iban a ser los mismos que en el primer intento, sólo podía pensar: “oh mierda, ésto ya lo he vivido”.
El recorrido fue por la parte baja de Las Torres y volviendo por La Feria. Un circuito extraño y plagado de dudas. La mayor de ellas, tuvo lugar cuando me indicaron que girara la derecha y entrara por una calle de doble sentido tan estrecha y con tan poca visibilidad que había que detenerse y tocar el claxon, para asegurarse de que no venía un coche en sentido contrario. Pero por suerte me acordé e hice lo correcto. Finalicé en 7 Palmas, en el punto de partida, aparcando entre dos coches.
Cuando era niño y me preguntaban cúal era mi número de la suerte, solía contestar que el 3. Ésto era así porque mi color favorito era el amarillo, el color que tenía el número 3 en mi cabeza. Hoy, probablemente, mi número preferido sea otro, pero no olvidaré el 3 de diciembre como el día en el que, al tercer intento, me quité de encima uno de los pesos más grandes que he sentido, tanto por el dineral que conlleva como por ser algo indispensable y que tenía que conseguir en el plazo más corto posible. Eso sin contar la frustración que se siente cuando sabes hacer algo, no te lo reconocen, tienes que seguir pagando por perder el tiempo en ello y, encima, seguir postponiendo un montón de tareas pendientes que no hacen sino amontonarse. Una experiencia peor que ir a mear y no echar gota, o ir a limpiarse el culo y que te caiga un trozo de caca en la mano. Por suerte lo primero aún no me ha ocurrido.
Así que la historia no sólo no se repitió, sino que esta vez se dio la vuelta a la tortilla y pudimos celebrarlo mi compañero y yo. Dicha celebración consiste principalmente en tomar asiento ante una buena cerveza y avisar con el móvil a toda la gente que ha visto tu cara de amargado durante todo este tiempo. Aunque yo no pude permitirme avisar a tantos.
Una etapa nueva se presenta ante mí, llena de posibilidades, atascos y libertad. Ahora sí, por fin… Great Driver Argos!

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.



















[...] Aprobar el práctico de conducir. [...]