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Today I die...

¡¡¡ BOOOOOOOMM !!!

Y así, con una explosión, fue como la tecnología flash inundó el Ciberespacio. Y le dio vida; de igual forma que el BigBang se la dió al Universo.

Tanta es la repercusión que ha tenido, que hasta la mayor videoteca del mundo (Youtube) se sustenta del flash. Y qué decir de las páginas de minijuegos, reproduciéndose a la velocidad del rayo y en las que, a diario, procrastinan miles de estudiantes, oficinistas, gatitos y amas de casa.

Pero de entre toda esa morralla interactiva con la que nos tienta internet a cambio de nuestro valioso tiempo, a veces se encuentran pequeñas joyas poco conocidas que nos regalan un atisbo de la genialidad e imaginación de su autor. Un ejemplo de ello es  Today I die, un concepto experimental de juego que me ha encantado desde el principio, y el cual no quiero dejar pasar.

Si explico en qué consiste perdería gran parte de su gracia. Así que, enjoy!


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A Full...

“Cada vez que huelo el asfalto, pienso en Maureen. Esa fue la última sensación que tuve, antes de desmayarme: el penetrante olor del asfalto. Y lo primero que ví cuando desperté, fue su cara. Dijo que arreglaría mi moto. Gratis. Sin letra pequeña. Debería haber sabido entonces, que las cosas nunca son tan sencillas.

Si, cuando pienso en Maureen, pienso en dos cosas: asfalto… y problemas.”

Así rezaba el comienzo de Full Throttle, un juego que me marcó y que supuso mi primera experiencia con bares de carretera, tipos duros y potentes motocicletas. En aquella época yo no podía conducir una de ésas, pero tampoco iba a quedarme atrás en la aventura. No con mi potente (en su tiempo) Pentium133.

No pretendo hacer un análisis del juego, no cuando la red está plagada de ellos. Y no diré nada nuevo cuando digo que se trata de una aventura plagada de vozarrones, peleas, cadenas y ese guión y ambientación tan buenos del que hicieron gala, por un tiempo, los juegos de LucasArts.

Y ayer, mientras buscaba otra reliquia en olvidados recovecos de mi habitación de casa de mi madre, me reencontré cara a cara, y de forma inesperada, con esta maravilla de aquellos tiempos dorados. Así que, sin dudarlo ni un segundo me dispuse a instalarlo. Y rememorar. Rememorar toda aquella aventura que empecé a full y en pijama una mañana de reyes, hace ya más de una década.

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Sólo 8 megas de ram, ¿qué más se puede pedir?

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