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Floating Fat Man...

Esta es la historia triste
de alguien que feliz era.
Y es que sin usar un chiste
alegrar podía a cualquiera.

Inflaba globos que regalaba,
de divertidas formas y colores.
Y de colorido las calles llenaba,
rodeado siempre de admiradores.

Los niños corrían con ilusión.
Y aunque no parezca muy complicado,
es en la práctica arte enrevesado
y todo un don digno de admiración.

Pero una gran ambición tenía:
ser la mayor de sus creaciones.
El más grande, y volar alto quería.
Más allá incluso que los aviones.

Y así un día inspiró sin freno
dejando convencido, de expirar.
Y hasta que de aire no estuvo lleno,
no tuvo intención de parar.

Se hinchó, se elevó y se elevó
y cuanto más alto estaba,
llegar más alto soñaba.
Hasta que tan sólo nunca se vió.

Su ambición le había traicionado,
perdiendo todo lo que había amado.
Sacrificar lo bueno y conocido sin reparo,
en busca de algo incierto y mejor considerado,
es algo que siempre se paga caro.

Y así, aquel hombre de sonrisa radiante
llegó tan alto que una vez al sol tapó.
Y fue recordado como el hombre gordo flotante,
que oscureció todo lo que una vez amó.

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Guitar boy....

Guitar boy no era un chico normal,
ya que tenía un enorme agujero
en lugar de pared abdominal.

En un viejo desván habitaba,
rodeado de trastos y polvareda.
Y allí siempre esperaba,
cubierto con la vieja y carcomida seda.

Guitar boy no era un chico corriente,
pues no tenía ni un solo diente.

A Giles tenía como único amigo.
Tan viejo que usaba bastón,
y tan pobre que era mendigo.

Guitar boy no era como los demás mozuelos,
pues en lugar de curtida cabellera,
él tenía seis pelos.

El viejo le visitaba a menudo,
y cuando estaban juntos,
el mundo ya no era mudo.

Podían escucharse en aquel desván
las mejores canciones y melodías.
Y de la abandonada casa podías,
si te fijabas con atención,
ver que por las rendijas las notas salían.

Guitar boy no era un chico como el resto,
pues para un caníbal sería indigesto.

Durante años se vieron a diario
Guitar boy y el viejo solitario.
Pero cada día más corto se hacía,
pues cada vez más tiempo era necesario
en lo que el viejo las escaleras subía.

Guitar boy no era un chico común,
pues su piel era como la madera
y brillaba como el betún.

Un día el viejo tardó tanto,
que llegó con los ojos en llanto.
La luna ya había salido,
y se despidió hasta mañana, abatido.

Guitar boy muy paciente era,
pues aunque no ver a su amigo volvería
lo sigue esperando bajo la vieja seda,
como cada día.

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Tonada tercera....

Excelente corsario
y bebedor a diario.

Se pasea de bar en taberna
desde el lunes hasta el domingo.
Sin parar de llenar la cisterna
¡Pues así es nuestro Flamingo!

Argos - tonada tercera. 

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Tonada segunda....

Demente sanguinario,
ladrón extraordinario.

Ni estar alerta,
ni esconderte cual novillo.
¡Nada vale ante mano experta!
Él es Treiral Limpiabolsillos.

Argos - tonada segunda. 

Un mensaje
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Tonada primera...

Camaradas, birras,
risas y chorradas.
Es de la vida lo bueno,
¡como un estómago lleno!

Gritad conmigo bucaneros,
¡y que se oiga en el mundo entero!
Pues aunque haya mares de por medio,
¡estaremos juntos sin remedio!

Argos - Canción pirata nº 1

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Jack....

Decían de Jack que era un buen niño,
además de tímido y muy querido.
Pues mucho cariño le brindaba,
todo aquel conocido.

Pero en verdad era un niño triste,
apenas sonreír le veías,
¿te lo creerías?
¡Ni con el mejor chiste!

Un día jugando en la playa,
casi se desmaya.
Levantó la vista lentamente,
una enorme sombra lo cubría,
¡nadie se lo creería!
Ni el sabio abuelo Clemente.

Aquello que vio un barco era,
pero no uno cualquiera.
Era uno enorme y elegante,
con cañones a los lados,
y grandes velas con bordados.

Se alejó para verlo en amplitud,
pero aquello ganaba en magnitud:
contempló una figura arrogante,
justo delante del sol brillante.

Jack lo imitó en la distancia,
no sin cierto parecido,
pero sólo con perseverancia
sería como aquel forajido.

Fue entonces, de repente.
Ya nadie lo disuadiría.
Pues ardua empresa tenía en mente,
¡Un gran pirata sería!

Además, todo un hombre ya estaba hecho,
al menos eso le decían los extraños,
¡al escuchar que ya tenía nueve años!

Un día, ilusionado,
lo comentó durante la cena.
Y no pudo evitar sentir pena,
pues como siempre su padre,
volvía a ridiculizar su faena.

Deja de soñar le decía,
y no pierdas tiempo en tonterías,
ni piratas ni barcos ni sirenas,
calla y termina la cena.

¡Trabajar es lo importante!
Decía su padre el Comandante.
Soñar era una debilidad,
impropia de un hombre de verdad.

Jack no volvió a hablar aquella noche,
evitando así otro posible reproche.
Terminó la cena y subió a su cuarto,
apagado como un corazón en infarto.

Se echó abatido en la cama,
sin siquiera ponerse el pijama.
Cerró los ojos y cayó en sueño profundo,
huyendo a su propio mundo.

Paseando por el muelle ahora se encontraba,
bajo la llovizna del mar que lo mojaba.
Se sentía libre como en el cielo,
con el borde a los pies y los brazos en vuelo.

Alzó la vista lleno de paz
y vislumbró una estrella fugaz.
¡Quiero ser pirata por siempre!
Gritó en lo alto de un salto.

Jack quería ser pirata,
tanto como queso una rata.
Pero ya era tarde,
y no porque fuera un cobarde.

Del sobresalto había resbalado,
y ahora se encontraba en el fondo, empapado.
Despertar de golpe deseó,
pero no pudo aunque lo intentó.

¡No pudo porque no era un sueño!
Se sentía traicionado,
como si la vida le hubiera estafado.
Él sólo había querido seguir su camino,
y ahora se encontraba en el fondo marino.

Le faltaba el aire y una somnolencia lo envolvía.
¿Era el sueño eterno aquello que sentía?
Cerró sus ojos lentamente,
para sentir la paz eternamente.

Nadie supo más de Jack.
Pero muy bien saben los peces,
que por las noches, a veces,
se ve a un niño en silencio, caminando,
siguiendo la oscura sombra de algún barco.

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