Hasta hace un año, pensaba que los sentimientos hacían débiles y vulnerables a las personas. Pero hoy, 365 días después, puedo decir que pienso de forma distinta. He aprendido que huir de ellos y esconderlos tras un muro de miedos y aparente frialdad es precisamente lo que te hace ser débil. Porque siguen estando ahí, pero eres tan cobarde que no quieres aceptarlos.
Tarde o temprano llega el día en que no puedes seguir conteniendo todo lo que guardas dentro con tanto terror. Llega el día en que te sobrepasa, o simplemente llega alguien que destruye en tiempo récord ese muro que creías tan indestrutible y que nadie antes había conseguido tambalear. Y es en ese momento, cuando te das cuenta de lo realmente débil que eras. Te das cuenta de que ya no hay muro donde esconderse y que todo cuanto has escondido está lleno de rincones oscuros que ni tú mismo conoces. No sabes como vas a reaccionar ante cada nueva situación, y ves de forma triste que en realidad no te conoces de verdad ni a tí mismo.
Es entonces cuando resuena en tu cabeza la frase “sólo se vive una vez”. Ya no tiene sentido esforzarse en crear otro muro de esos. Ahora todo es nuevo y sólo te queda seguir adelante y dejar de seguir sentado y estancado viendo cómo todo cuanto ocurría a tu alrededor lo analizabas racionalmente, obviando la parte de vivirlo. Es hora de dejar de darle vueltas a las cosas, de anular ese chip que todos parecemos incorporar de serie y de aprender de forma práctica. Pero dándolo todo porque, si no lo das ahora que eres joven, no lo harás después. Y si lo haces, nada será ya tan intenso como ahora.
Independientemente de que esté expuesto a muchas más situaciones que puedan hacer daño, se con total seguridad que soy más fuerte ahora para afrontarlas. Porque he aprendido. Conozco mucho más de mi mismo, y veo un abismo entre el Argos de hace un año y el de ahora.
Lo cierto es que nunca me imaginé publicando un post como éste. Pero esta reflexión tan inusual e introspectiva hoy cobra un sentido que no puedo obviar. Y ha tenido, además, dos objetivos.
El primero de ellos, y como con el resto de posts de este lugar, dejarlo plasmado en el tiempo.
El segundo, y más importante, agradecerte con todas mis fuerzas estos 365 días a tu lado, en los que me has enseñado sin darte cuenta muchas de las cosas más importantes y útiles que alguien puede aprender en su vida. Todo ello aderezado con un sin fín de momentos agradables e inolvidables que no tienen precio, que si bien ya habían comenzado hace más de 365 días, sí que comenzaron de forma oficial e inusual al lado de Saboten, nuestro amigo el cactus.
Muchas gracias Princesa.

愛している.
Mensajes(4)

















