El otro día, evadiéndome un poco de esa tortuosa senda mental que seguimos muchos estudiantes en verano y centrándome en la corpórea, mientras el rechinar de mis dientes acompañaba al melódico crujir de mis hombros, recibo en el gym una llamada de Paqui, la tía más simpática de la autoescuela. Cuál fue mi sorpresa, y sobretodo después de haberme dicho anteriormente que estaba en lista de espera indefinida, que empezaba las prácticas a la mañana siguiente.
Así que con la de hoy ya he realizado con éxito mis dos primeras prácticas. Sin duda una nueva e interesante experiencia, y sobretodo después llevar al Matu de acompañante en la primera de ellas.
Así que así están las cosas. De repente he sido bendito con la condena de reducir el ya mermado tiempo que resta hasta los exámentes de septiembre, y a madrugar de forma cruel durante un periodo indefinido para cada día, a las 9:15, arriesgar mi vida y la de los que me rodeen en ese momento en la carretera. Y por poco que sea el tiempo con el que cuento ahora para rascarme, no pienso aumentar el nivel de estrés por ello. Ya que, como diría el Great de mi profesor: Tranquiliiito… mi niñiiito.
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