
“Sigue abriendo puertas y no te detengas, decía. Cuando no veas la puerta y sólo haya un muro, golpéalo hasta derribarlo. Al fin y al cabo los muros sólo están ahí para frenar a toda esa gente que no desea de verdad lo que se encuentra al otro lado. Descansa cuando no puedas más, y luego sigue. No pares, y ayuda a los demás a seguir adelante cuando se queden atrás, sobretodo a todos los que no quieres perder en el camino. Porque cuando llegues al final, cuando te gires y veas todo lo andado, a la gente que te rodea en ese momento y que no hubo nada que te detuviera, que no te quedaste atrapado entre dos muros ni te convertiste en una sombra olvidada, en ese momento sentirás una tranquilidad y una paz inigualable. No dejaste nada a medias, hiciste todo lo que debías y ya no hay nada que de tí dependa. Y éso amigo, éso es estar en el cielo.
¿Acaso no vale la pena?”
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